
María del Socorro: partera tradicional indígena del Pacífico colombiano, guardiana de la vida y de la medicina ancestral
María del Socorro, mujer indígena del pueblo Inga, es heredera de una sabiduría ancestral conectada con la naturaleza, la medicina tradicional, la vida y el cuidado comunitario. Nació en el municipio de Sibundoy, en el Putumayo, al sur occidente de Colombia, territorio que guarda sus raíces.
Como María del Socorro, cientos de parteras y parteros indígenas cuidan la vida y la salud de las gestantes y sus hijos/as en la ruralidad. En el marco del proyecto Parterías Vivas, liderado por la Agencia de Renovación del Territorio (ART) y el Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA - Colombia), se logró un hito estadístico al caracterizar 1.742 parteras y parteros indígenas y afrocolombianos en 29 municipios del Pacífico colombiano.
Desde pequeña, “desde guagua”, como le dicen en su lengua a una niña, María del Socorro creció rodeada de plantas medicinales, saberes ancestrales y el ejemplo de sus mayores. En su comunidad, el conocimiento no se aprende en libros, se vive y se transmite de generación en generación. Su madre, su padre y sus abuelos le enseñaron a reconocer las plantas y su valor para el cuidado de la salud y de la vida, a entender el cuerpo y a respetar la relación espiritual con la tierra, “la Pachamama, fuente de toda vida”, resalta.
Hoy, María vive en Buenaventura, Valle del Cauca, en el resguardo La Gloria del cabildo Inga, lejos de su territorio de origen. Como muchos pueblos indígenas en Colombia, su comunidad ha sido desplazada. De las 1.742 parteras y parteros caracterizados en el proyecto Parterías Vivas, 1565, el 90%, son víctimas del conflicto armado. Sin embargo, el desarraigo no ha roto su vínculo con la tradición; al contrario, lo ha fortalecido.
El recorrido de María como partera comenzó por la necesidad de atender su primer embarazo. Recuerda que acudió a un hospital, pero allí no encontró la confianza que necesitaba; por ello, buscó a su hermana, quien también es partera, y con su saber y experiencia la acompañó y le brindó el cuidado desde el conocimiento ancestral durante todo su embarazo, parto y posparto.
Ese momento marcó su vida: “Ahí nació todo. Desde entonces, comencé a aprender, primero observando y luego practicando, guiada por mi hermana y por la memoria de mi madre, padre y mis ancestros”, recuerda. Así aprendió a sanar con las manos, las plantas y el corazón.
María es partera y médica tradicional. Su trabajo va más allá de los nacimientos, también acompaña a las mujeres durante todo el proceso de la vida reproductiva. “En mi comunidad realizo sobamientos, controlo con el poder de las plantas síntomas, oriento sobre la alimentación y utilizo plantas medicinales para tratar la anemia, dolores o complicaciones durante el embarazo”, resalta.
Para María, no hay experiencia más poderosa que recibir una nueva vida. “Ver nacer un bebé, eso es todo; es el momento más sagrado. Siempre lloro cuando hay un nuevo nacimiento”, comenta. Su labor como partera es un acto de amor, de responsabilidad y de conexión profunda con la vida. En su comunidad, las parteras no sólo asisten partos; son consideradas segundas madres, mujeres esenciales en el tejido social.
En la ruralidad del Pacífico colombiano las comunidades enfrentan múltiples barreras para acceder a servicios de salud, lo cual se ve reflejado en una mayor mortalidad materna. Según datos preliminares del Sistema de Vigilancia Epidemiológica - SIVIGILA de 2025, la mortalidad materna en zonas rurales dispersas en Colombia fue casi 1.5 veces mayor que la nacional (57.9 vs 42.9); en departamentos del Pacífico como Nariño o Chocó fue de 2 a 3 veces mayor (76.5 y 133.8, respectivamente); y entre mujeres indígenas fue 4 veces mayor (184,8).
Ser partera en estos contextos, en los que llegan a ser la única alternativa de cuidado y atención para las gestantes, no es fácil. En muchas ocasiones debe caminar largas distancias, incluso de noche, para atender a una mujer, porque el acceso a centros de salud puede tardar varias horas, los recursos son limitados y, en muchos casos, la atención no da espera: es una urgencia de vida. María resalta que trabaja con lo que tiene: telas limpias, agua hervida y conocimientos transmitidos por generaciones. Su herramienta principal no es la tecnología, sino la experiencia.
Hoy, en los pueblos indígenas, existe la necesidad de preservar la tradición y conservar estos saberes. A María le preocupa cómo se están perdiendo, pues las nuevas generaciones, muchas veces, se alejan de la medicina ancestral y de la lengua Inga. De las 1.742 parteras/os caracterizadas en el proyecto Parterías Vivas, 49% son mayores de 60 años, y 19 % tienen entre 50 y 59 años. Por eso insiste en la importancia de enseñar, de motivar a las juventudes a acercarse, a aprender y a no dejar morir la cultura.
El proyecto “Parterías Étnicas Ancestrales Vivas” es liderado por la Agencia de Renovación del Territorio (ART) y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) en Colombia. Esta iniciativa avanza en 29 municipios de tres subregiones PDET del Pacífico colombiano, con el propósito de fortalecer, reconocer y proteger la partería tradicional como práctica fundamental para la vida y la identidad de los pueblos étnicos.