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Panela que siembra paz: en Teorama, el campo se levanta con trabajo colectivo

Productores de panela de Teorama, Norte de Santander
Catatumbo
Teorama, Norte de Santander

En la vereda Miracotes, del municipio de Teorama en Norte de Santander, el sonido del trapiche vuelve a tener otro sentido. No es solo caña transformándose en panela; es el resultado de años de insistencia, de organización campesina y de una apuesta colectiva por quedarse en el territorio y hacerlo productivo.

Allí, 80 familias campesinas hoy cuentan con mejores condiciones para cultivar, transformar y comercializar su producción panelera, tras la culminación del Convenio No. 1077 de 2024, ejecutado entre el Consorcio Fondo Colombia en Paz, la Asociación Agroindustrial de la vereda Miracotes – ASOAGROCOTE, y la Agencia de Renovación del Territorio (ART). Una inversión de más de 1.700 millones de pesos que no solo fortaleció la producción, sino que reafirma el compromiso del Gobierno del Cambio con la implementación del Acuerdo Final de Paz en los territorios históricamente olvidados.

Pero más allá de las cifras, lo que se respira en Miracotes es el valor del trabajo colectivo. Así lo expresa Euder Plata, coordinador del proyecto, quien reconoce que los resultados no son casualidad: son el reflejo de una comunidad organizada que logró convertir una propuesta en realidad. Para él, el progreso no se mide solo en infraestructura o producción, sino en la posibilidad de dignificar la vida de las familias campesinas y garantizar oportunidades para las generaciones futuras. “Eso es lo que nosotros llamamos productividad”, dice, mientras señala que este tipo de proyectos demuestran que cuando los recursos llegan directamente a las asociaciones, los resultados hablan por sí solos.

Ese resultado se materializa en acciones concretas: la renovación de 80 hectáreas de caña, el fortalecimiento técnico de los productores, la entrega de insumos agrícolas y, especialmente, el mejoramiento del trapiche comunitario, que hoy permite una producción más eficiente, limpia y sostenible.

Conrado Pallares Rincón, representante legal de ASOAGROCOTE, lo resume con la tranquilidad de quien ve un proceso cumplido: no hubo quejas, todo se desarrolló según lo planeado, incluso en medio de las dificultades del territorio. “El objetivo se cumplió”, afirma, destacando que esta infraestructura se convierte en un referente a nivel departamental. Hoy, con un trapiche tecnificado, ya no es necesario recurrir a prácticas contaminantes; la producción se hace con mayor eficiencia, menos esfuerzo y menor impacto ambiental, utilizando el bagazo como fuente principal de energía.

En un territorio atravesado por múltiples conflictos, este proyecto también representa una decisión de vida. Volver al cultivo de la caña, fortalecer modelos productivos legales y apostar por la asociatividad es, como lo dicen las propias comunidades, una forma concreta de construir paz. “Esa es la verdadera paz, esto es con hechos”, se escucha entre quienes ven en la panela no solo un sustento económico, sino una posibilidad real de permanencia en el territorio.

Desde la institucionalidad, este proceso también refleja un cambio en la forma de hacer presencia en las regiones. El acompañamiento constante de la ART, el Fondo Colombia en Paz y las entidades involucradas permitió que, incluso en medio de contextos complejos, el proyecto avanzara sin detenerse. Para las comunidades, esto ha sido clave para recuperar la confianza.

En el Catatumbo, donde durante años la ausencia estatal marcó la vida cotidiana, hoy se consolidan apuestas que transforman realidades desde lo productivo, lo organizativo y lo comunitario. La panela que sale de Miracotes no solo alimenta: también cuenta una historia de resistencia, de dignidad campesina y de construcción de paz desde el territorio.