
Fortalecer el frijol para sembrar permanencia y paz en El Carmen, Norte de Santander
En las montañas de El Carmen, Norte de Santander, donde durante años el campesinado ha resistido al abandono y al conflicto armado, hoy el cultivo de frijol empieza a contar otra historia. Una historia de trabajo colectivo, de arraigo y de esperanza sembrada en la tierra.
Con la culminación del proyecto ‘Fortalecimiento de la producción y manejo de la postcosecha del cultivo de frijol’, familias campesinas del municipio recibieron herramientas e infraestructura orientadas a mejorar la producción agrícola, optimizar el manejo del agua y fortalecer la economía rural desde los cultivos lícitos.
Para muchas familias, este proyecto representa mucho más que la entrega de maquinaria o sistemas de riego. Significa alivio, permanencia y dignidad para quienes viven del campo. Carmen María Pícón, beneficiaria del proyecto, cuenta que antes era difícil acceder a este tipo de herramientas por cuenta propia. Hoy, tener un reservorio de agua, maquinaria y sistemas de riego no solo mejora la producción, sino que permite ahorrar tiempo, recursos y garantizar una mejor cosecha. “De nosotros los campesinos es que comen las ciudades”, afirma, mientras insiste en la importancia de seguir invirtiendo en el campesinado para sacar adelante a las familias rurales.
Durante la jornada de cierre también se realizó el Comité de Control Social y la entrega de equipos a las asociaciones beneficiarias. Alexander Galvis explicó que el proyecto permitió la instalación de reservorios con geomembrana, sistemas de riego para una hectárea de cultivo de frijol, maquinaria para el desgranado, ventiladores y encerramientos. Pero más allá de la infraestructura, resalta algo fundamental: cambiar la mirada sobre el Catatumbo. “Durante muchos años se conocía esta región por otro tipo de cultivos y no por las cosas buenas que tiene”, señala. Para él, fortalecer el campo también significa construir paz, porque una familia con oportunidades en su finca no piensa en abandonar el territorio.
En medio de los cultivos, Nargin Tarazona reconoce que este era uno de esos proyectos que las comunidades venían esperando desde hace tiempo. La llegada de sistemas de riego les permite ahorrar agua, reducir costos y mejorar la calidad de sus productos. “Que todo el Catatumbo empiece a apostarle a lo lícito y cambiar la historia de esta tierra tan hermosa”, expresa, agradeciendo a la Agencia de Renovación del Territorio y a los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial, PDET, por llevar estos recursos hasta las comunidades campesinas.
Para Ciro Ramírez, el proyecto también representa un reconocimiento histórico al campesinado de la región. Como integrante de una de las asociaciones beneficiarias, destaca que durante años los cultivadores de frijol trabajaron lejos de la mirada institucional, pese a sostener gran parte de la producción agrícola del territorio. “Es así como se construye paz”, afirma, resaltando la importancia de fortalecer la producción rural en una región golpeada por la violencia, pero profundamente agrícola y campesina.
La culminación de este proyecto reafirma el compromiso de la Agencia de Renovación del Territorio con la transformación territorial del Catatumbo, impulsando iniciativas que fortalecen las economías campesinas, promueven los cultivos lícitos y aportan a la construcción de paz desde las comunidades y el trabajo digno sobre la tierra.