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Actualidad

El agua que siembra futuro: 78 familias de Hacarí culminan proyecto de sistemas de riego en Los Cedros

Sistema de riesgo en cultivo
Catatumbo
Hacarí, Norte de Santander

En la vereda Los Cedros, municipio de Hacarí, el agua volvió a correr con fuerza por las tierras campesinas. No es solo agua: es planificación, es alimento, es permanencia en el territorio. Es la culminación de un proyecto que durante cinco años fue insistencia, gestión y esperanza para decenas de familias que hoy cuentan con sistemas de riego intrapredial para fortalecer su producción agrícola. 

En un territorio que ha vivido los impactos de la violencia y donde la incertidumbre muchas veces ha marcado el rumbo de las comunidades rurales, este proyecto representa una apuesta concreta por la soberanía alimentaria y el futuro del campo catatumbero. Son 78 familias beneficiadas que ahora pueden almacenar agua y garantizar el riego de cultivos como cebolla, frijol, tomate, pepino, café y aguacate, mejorando el rendimiento y la estabilidad de sus cosechas.

El proyecto fue ejecutado en el marco del Convenio 1038 de 2024, en articulación con la Asociación de Productores de Los Cedros (ASOPRODCEDROS), con financiación del Fondo Colombia en Paz y la Agencia de Renovación del Territorio (ART). Más que infraestructura, se trata de fortalecer capacidades productivas y organizativas en el corazón del Catatumbo, en coherencia con los compromisos de transformación rural establecidos en el Acuerdo de Paz y con la apuesta del Gobierno Nacional por llevar inversión social a los territorios PDET.

Para Ramón Alirio Ascanio, campesino beneficiario, este logro tiene un significado profundo:
“Se le agradece a la ART, al Fondo Colombia en Paz. Un proyecto que era un sueño para nuestras asociaciones de nuestro municipio de Hacarí. Somos muchas personas que no tenemos la capacidad económica de instalar un sistema de riego como el que nos dieron, eso es una gran ayuda para nosotros los campesinos”.

En el Catatumbo, producir alimentos no es solo una actividad económica: es una forma de sostener la vida. “Sin nosotros los productores las ciudades no podrían seguir adelante”, afirma Ramón Alirio, recordando el papel fundamental del campesinado en la cadena alimentaria del país. 

Los sistemas de riego permiten optimizar el trabajo en las fincas, reducir el esfuerzo manual y proyectar las siembras con mayor seguridad. “78 personas beneficiadas con sistemas de riego, algo beneficioso para los agricultores”, explica José del Rosario Ortiz. “La comunidad está muy contenta de que nos haya llegado este proyecto hasta por acá”.
Además, agradece el compromiso del Gobierno Nacional con el Catatumbo y con la implementación de iniciativas que fortalecen la producción lícita y dignifican la vida campesina, resaltando que es a través de estos proyectos como se materializan los acuerdos y se transforma el territorio.

En un contexto donde muchas y muchos jóvenes enfrentan pocas oportunidades, fortalecer el campo es también abrir caminos para que la juventud pueda proyectar su vida en el territorio. “Hay mucha juventud que necesita que les den oportunidad de estudiar, de trabajar. Hay muchos que se van para la violencia, para la guerra. Lo importante son estas oportunidades”, agrega Ramón Alirio, subrayando que el futuro del campo está ligado a las nuevas generaciones.

Para Yeiny Romero Garay, campesina beneficiaria, el impacto se siente en la cotidianidad:
“Nos ha servido de mucho, tenemos más facilidad para poder trabajar la tierra, hay más productividad. Desde el Catatumbo, gracias a todas las entidades. Son proyectos que nos ayudan mucho a fortalecer nuestras tierras”.

Su voz, como la de muchas otras mujeres campesinas, reconoce la importancia de que el Gobierno Nacional continúe respaldando al Catatumbo con inversiones que hagan realidad lo pactado en el Acuerdo de Paz y consoliden un campo con oportunidades.

La culminación de estos sistemas de riego reafirma el compromiso de seguir impulsando la economía campesina, la producción lícita y la soberanía alimentaria en el Catatumbo. En Los Cedros, el agua que hoy alimenta los cultivos también alimenta la esperanza: la de un campo con más oportunidades, con juventud arraigada a la tierra, con comunidades organizadas y con un Estado que avanza en el cumplimiento de la paz sembrando futuro en cada parcela.