
Sardinata, corazón panelero del Catatumbo, muele futuro y construye paz
En Sardinata, Norte de Santander, la panela no es solo un producto: es memoria, sustento y una forma de permanecer en el territorio. Durante años, las familias cañicultoras han sostenido esta tradición con esfuerzo físico extremo, largas jornadas y herramientas limitadas. Hoy, ese trabajo empieza a transformarse.
En cumplimiento del Acuerdo Final de Paz y como parte de los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET), el Gobierno nacional, a través de la Agencia de Renovación del Territorio (ART), el Fondo Colombia en Paz y el Consorcio Catatumbo en Paz, ejecutó el proyecto “Mejoramiento de la productividad del cultivo de caña y el procesamiento de panela”, que beneficia a 105 familias cañicultoras del municipio.
La iniciativa combinó asistencia técnica, capacitación y la entrega de herramientas para fortalecer la producción, la asociatividad y la sostenibilidad del campo. En total, 47 familias recibieron trapiches, motores e implementos en acero inoxidable, mientras que 58 familias fueron beneficiadas con implementos para la elaboración de panela, como pailas y canoas, en los corregimientos de La Victoria, El Carmen y la Zona Centro de Sardinata.
Estos equipos cuentan con una capacidad de procesamiento de hasta 900 kilos de caña por hora, lo que reduce de manera significativa los tiempos de molienda y mejora las condiciones de trabajo.
Para María Lizarazo, campesina del municipio, el cambio es profundo y cotidiano. Antes, moler caña implicaba horas de esfuerzo con animales y un desgaste físico que se sentía en el cuerpo. “Lo que antes hacíamos en tres o cuatro horas, ahora lo hacemos en unos 45 minutos”, cuenta. Para ella, el beneficio va más allá de la productividad: “Primero ahorra uno salud, y segundo, los niños se van animando. Ayuda a que los jóvenes no se vayan a la ciudad, porque ven que el campo sí da”.
Esa permanencia es uno de los grandes retos del campo colombiano. Así lo reconoce la alcaldesa de Sardinata, Diomara Montañez, quien resalta el valor simbólico y económico de la panela para el municipio. “Es un producto que se consume a diario en nuestros hogares. Somos un referente a nivel departamental, gracias al esfuerzo de las familias. Lo que queremos es que los jóvenes se queden en el campo, que le cojan amor a lo que produce esta tierra”.
En las fincas, los efectos del proyecto ya se sienten. Gustavo Velásquez, campesino beneficiario, nunca imaginó acceder a un apoyo de este tipo. Hoy, la panela que produce le ha permitido sostener su hogar y apoyar los estudios universitarios de su hijo. “Jamás pensé que iba a tener un beneficio de esos. Estos proyectos traen paz porque ponen a la gente a trabajar. Es una oportunidad para no dejar ir a los jóvenes a otros lados donde no deben estar”.
La reducción del esfuerzo físico también ha sido clave para las mujeres rurales. Luz Nidia Ortega explica que ahora la molienda es más rápida y menos extenuante. “Menos trasnocho, menos desgaste físico. Así los jóvenes ven que hay rentabilidad y que el campo sí puede sostener la vida”.
Desde la organización comunitaria, el impacto es colectivo. Para Eliécer Quintero, representante legal de la Asociación de Cañicultores y Paneleros de Sardinata (Asocapasar), el proyecto cumple lo que fue pensado desde el territorio. “Mejora la calidad de vida de 105 familias. Así es como se hace paz en el territorio. Se entregó tal como estaba estipulado. Muchos hicimos parte de la formulación de estas iniciativas y hoy son una realidad”.
Este proyecto PDET reafirma el compromiso del Estado con la implementación del Acuerdo de Paz en el Catatumbo, llevando inversión social, productividad y dignidad a las comunidades rurales. En Sardinata, la panela sigue sabiendo a tradición, pero ahora también a futuro, arraigo y paz construida desde el trabajo campesino.