
Desde el Catatumbo para el mundo: mujeres y diversidades que sostienen la vida y la paz
Hablar de las mujeres y población LGBTIQ+ del Catatumbo es hablar de resistencia: de quienes han enfrentado el conflicto, el abandono estatal y la estigmatización sin soltar la organización comunitaria ni la esperanza. Campesinas, indígenas, negras, trans, todas con realidades distintas, pero con una misma convicción: el territorio cambia cuando ellas hablan, participan y exigen ser reconocidas.
Esa fuerza se sintió en el Encuentro Subregional de Género, donde lideresas de toda la región llegaron con la palabra clara y el compromiso de seguir empujando la paz desde abajo. No se trató solo de compartir experiencias, sino de hacer visible todo aquello que históricamente se les ha negado: presencia política, garantías para la vida, reconocimiento territorial y participación efectiva en la implementación del Acuerdo de Paz.
Desde el corregimiento de La Gabarra, en Tibú, Yoladys Esquivel recordó que los procesos organizativos de mujeres son mucho más que reuniones: son protección. “Traigo la fuerza y la capacidad que me inspiran esas mujeres para estar hoy aquí. Nosotras soñamos con un territorio libre, con tener paz, con cada día aprender más nuestros derechos y poder nosotras mismas protegernos”, dijo, reafirmando que el autocuidado y la defensa del territorio empiezan por el conocimiento.
En Teorama, corregimiento de San Pablo, Arcelia Prieto vive la participación política como una conquista diaria. Para ella, este espacio representa la posibilidad de ser vistas. “Es la oportunidad de participar, de hacernos visibles, de que nos tengan en cuenta”, expresó. Y lo dijo con la convicción de quien sabe que incluso en medio del conflicto las mujeres siguen sosteniendo el futuro: “Tenemos las ganas de dar mucho más de nosotras y que al Catatumbo lo miren desde otras perspectivas. Hay mujeres que estamos trabajando por la comunidad, por nuestros hijos y por la paz”.
La voz de la diversidad también se abrió paso con Alejandra Mandón, lideresa trans de Convención, quien puso sobre la mesa una deuda histórica: “El Acuerdo de Paz en 2016 no habló de las personas LGBTIQ+, y todavía nos seguimos preguntando, ¿qué pasó con nosotros, nosotras y nosotres, que no nos vemos representados ahí?”. Alejandra insistió en la urgencia de incluirles en los PDET: “No hay iniciativas de género claras para hacer transformación territorial. La paz para nosotras ha sido complicada, estigmatizadora, luchada, pero está la necesidad de hacer paz y eso es lo que debe seguir articulando los procesos colectivos y comunitarios”.
Desde Las Mercedes, Sardinata, Berta Prado trajo la palabra de quienes han sido puente entre el Acuerdo y las comunidades. “La información no siempre llega a los territorios y nosotras muchas veces somos esa voz”, afirmó. “Le aportamos a la paz nuestro compromiso, ayudamos a conciliar, a escuchar. A pesar de todo lo que pasa en el Catatumbo seguimos resistiendo, de pie, nunca hemos dejado solo el territorio”. Para ella, estos espacios también son escuela para fortalecer nuevos liderazgos y acompañar a mujeres que atraviesan momentos difíciles.
Y desde el territorio ancestral Barí, Simana Acaycadora habló desde la profundidad de un pueblo que ha resistido siglos. “Nosotras como mujeres Barí aportamos a la paz en diversas maneras: hacemos socialización, participamos en las Asambleas, pero nos falta acompañamiento; a veces no nos sentimos muy apoyadas”, explicó con firmeza. Su llamado es directo: “Que los proyectos no queden en papel y en dichos, sino en hechos. Queremos acciones, que se cumpla lo que proponemos”. Y cerró con un mensaje hacia sus hermanas indígenas: “Que no tengamos miedo a expresarnos; que seamos lideresas fuertes, sin perder nuestra cultura ni nuestra lengua. Queremos ser libres, caminar sin temor por nuestros territorios y sentirnos orgullosas de lo que somos”.
Las voces de Yoladys, Arcelia, Alejandra, Berta y Simana no compiten entre sí: se entretejen. Juntas dibujan un Catatumbo que sigue resistiendo, que sigue organizándose y que sigue apostándole a la paz desde todos los lugares de la vida comunitaria.
Porque la transformación territorial no empieza en los escritorios, sino en las manos de quienes siembran, cuidan, organizan, enseñan, denuncian y defienden la vida: las mujeres y diversidades del Catatumbo, de cara al país y al mundo.