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“Ser partera para mí significa ser dadora de vida” Herminia, partera tradicional en el municipio de Olaya Herrera, Nariño

Mujer partera de Olaya Herrera
Pacífico y Frontera Nariñense
Olaya Herrera, Nariño

En el municipio de Olaya Herrera, en Nariño, donde los ríos marcan el camino y las distancias se miden en horas de canoa, vive Herminia, partera tradicional afro que se ha dedicado a recibir vida. Ella es partera, sabedora y consejera, pero, sobre todo, es lo que ella misma llama una “dadora de vida”.

Herminia hace parte de las 56 parteras y parteros que participaron en el encuentro de parterías indígenas y afro, realizado en El Charco, Nariño, durante el mes de febrero. Este espacio que hizo parte de las acciones de fortalecimiento dirigidas a quienes ejercen la partería tradicional étnica en los municipios PDET de Olaya Herrera, Mosquera, El Charco, Santa Bárbara de Iscuandé y La Tola, en Nariño, se enfocó en fortalecer habilidades y capacidades en el cuidado antes durante y después del parto, así como en brindar herramientas claves para reconocer y articular la atención en caso de situaciones de las violencias basadas en género y emergencias humanitarias, en el marco del proyecto “Parterías Étnicas Ancestrales Vivas”.

Ella no aprendió en libros ni en universidades, sino en su propio cuerpo. Es madre de siete hijos y los tuvo sin hospital, sin médicos. “Yo sabía cuándo estaba embarazada, sabía que el bebé venía, que iba a nacer”, menciona. En cada parto fue acumulando experiencia, confianza y fortaleza. Así comenzó su camino: primero consigo misma, luego con una nuera, después con una sobrina, y sin darse cuenta, ya era a quien todas llamaban cuando la vida estaba por llegar en su comunidad.

Uno de los momentos que marcó su historia fue el acompañamiento del parto de una joven que venía con el bebé de pies. Estaban lejos del municipio, sin transporte inmediato, rodeadas de incertidumbre. “Un parto así no es fácil; requiere temple, conocimiento y decisión” menciona. Cuenta que respiró profundo, pidió a Dios y actuó, logrando sacar al niño, salvar su vida y la de la mujer. Desde entonces entendió que su misión era acompañar incluso en los momentos más difíciles.

Reconoce que no sabe “oraciones de parteras antiguas”, pero ora antes de cada parto; se pone guantes, toma el pulso, observa el rostro de la mujer y la escucha. Para ella, el cuidado comienza mucho antes del nacimiento: insiste en los controles durante el embarazo, en la alimentación, en la vigilancia constante, y, cuando identifica algo que no puede manejar, no duda en enviar a la mujer al servicio de salud.

A lo largo de su vida y del ejercicio de la partería en su territorio ha enfrentado desplazamientos, violencia y caminos peligrosos, ha subido lomas, y caminado largas horas acompañada de su esposo para visitar a gestantes en lugares. Ha recibido bebés en casas humildes, bajo techos de zinc, sobre plásticos extendidos en el suelo, y también en una canoa, en medio del río, sosteniendo a la madre mientras el agua seguía su curso. Recuerda en ese momento, mencionar “aquí hay una cama”, señalando unas cajas de comida en la embarcación. Cuando nació el bebé lo cubrió con una sábana, que siempre carga en su mochila y lo entregó a su abuela como un tesoro. La alegría de ese momento aún la acompaña.

Además de la partería, Herminia conoce las plantas medicinales, sabe qué hierba ayuda para el dolor de muela, cuál cura la anemia, cuál sirve como vitamina o para aliviar molestias del estómago. Pero también reconoce los límites: “la hierba no quita un dolor de hueso cuando hay algo más grave”. Afirma que su sabiduría no compite con la medicina; dialoga con ella.

Cuando le preguntan qué significa ser partera, responde: “Es ser dadora de vida. Cuando un niño nace, hay una vida más, uno ayuda para que ese niño vea la luz del mundo”. Y no solo eso: permanece cerca, aconseja a las madres, conversa con los niños cuando crecen. 

Su mensaje a las juventudes es claro: “estudien, vayan a la universidad, pero no olviden aprender la partería. En territorios apartados siempre hará falta alguien que preste primeros auxilios, alguien que no tema actuar cuando la vida apremia. Se morirían muchas mujeres y muchos niños si no hay una partera que ayude”.

El proyecto “Parterías Étnicas Ancestrales Vivas” es liderado por la Agencia de Renovación del Territorio (ART) y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) en Colombia. Esta iniciativa avanza en 29 municipios de tres subregiones PDET del Pacífico colombiano, con el propósito de fortalecer, reconocer y proteger la partería tradicional como práctica fundamental para la vida y la identidad de los pueblos étnicos.