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Con palabra firme y el corazón sembrado en El Tarra: La historia de Yaqueline del Carmen Mejía

 Con palabra firme y el corazón sembrado en El Tarra: La historia de Yaqueline del Carmen Mejía
Catatumbo
El Tarra - Norte de Santander

Yaqueline del Carmen Mejía no esperó a que alguien le diera un espacio; se lo abrió paso a paso, con perseverancia, preguntas incómodas y la firme convicción de que las mujeres del Catatumbo no pueden seguir siendo invisibles. Lideresa social, mujer cabeza de hogar, víctima del conflicto armado y campesina, Yaqueline ha dedicado su vida a la defensa de los derechos de las mujeres rurales y a la participación comunitaria. Desde su municipio, El Tarra, ha impulsado procesos organizativos, representado a su territorio en instancias nacionales y levantado la voz cuando otros han guardado silencio.

“Yo no tuve la oportunidad de estudiar, pero he aprendido en la vida y leyendo mucho. Eso ha sido mi fortaleza”, dice con una humildad que contrasta con la contundencia de su liderazgo.

Uno de los hitos más importantes en su trayectoria fue su elección, entre 2019 y 2020, como representante del Catatumbo ante la Alta Instancia de Género para la Paz, un mecanismo creado tras el Acuerdo Final de Paz de 2016 para garantizar el enfoque de género en su implementación. Este espacio, conformado por lideresas sociales, organizaciones de mujeres, representantes del Gobierno y pueblos étnicos, tiene como objetivo hacer seguimiento a las 30 medidas de género del Acuerdo, especialmente aquellas relacionadas con los derechos de las mujeres y personas LGBTIQ en contextos de conflicto.

“Llegué a la Alta Instancia casi a ciegas —recuerda Yaqueline—. No sabía bien en qué consistía, pero cuando comencé a leer entendí la responsabilidad tan grande que teníamos: hacerles seguimiento a las 30 medidas de género del punto uno referente a la reforma rural integral del Acuerdo de Paz. Eso no es cualquier cosa”.

Desde este espacio, Yaqueline ha coordinado informes, contactado entidades del Estado y documentado avances y retrocesos. “Cada año hay que entregar un informe, pero muchas veces las instituciones no responden o lo hacen cuando ya tenemos el tiempo encima. Nos cuesta que se tomen en serio las preguntas sobre qué están haciendo por las mujeres”, afirma.

A pesar de los desafíos, esta experiencia ha sido transformadora. Le ha permitido formarse, conocer a otras mujeres líderes del país y construir redes de sororidad. “Uno aprende mucho. Lo más bonito ha sido conocer mujeres maravillosas, acompañarnos entre todas, apoyarnos cuando nos sentimos solas o cansadas”.

En paralelo, Yaqueline ha mantenido su trabajo territorial. Participó activamente en la construcción del PDET de El Tarra y del Catatumbo, convocando a mujeres cabeza de hogar para sumarse al proceso. Hoy, integra la Secretaría Técnica de la Mesa Comunitaria del municipio, donde representa a mujeres y víctimas.

Sin embargo, el camino no ha sido fácil. Las mujeres rurales enfrentan barreras para acceder a la tierra, la salud, la educación y la participación política. “Muchas mujeres trabajan la tierra, pero no tienen título. Sacan préstamos, pero no manejan la plata. Están a cargo del hogar, del cultivo, de todo, pero sin reconocimiento ni oportunidades”, señala.

Además, su activismo no siempre es bien recibido. “Uno de los mayores retos son los hombres”, confiesa. “Cuando empezamos a hablar con las mujeres de sus derechos, de la violencia, del consentimiento, hay hombres que no lo soportan. Algunos nos apoyan, pero otros se sienten amenazados”.

Desde la Alta Instancia, Yaqueline ha insistido en que se cumpla lo pactado: que existan consejos consultivos o comités de mujeres en todos los municipios PDET. Hoy, solo Tibú cuenta con uno formalmente. En El Tarra, sus solicitudes han quedado sin respuesta. “Eso nos invisibiliza. Si no estamos en los espacios de decisión, nuestras voces no se oyen”.

A Yaqueline la mueve el empoderamiento de las mujeres. Su apuesta es clara: fortalecer los liderazgos femeninos, desde las niñas hasta las adultas mayores, con acceso a la información, la ley y las herramientas para transformar su realidad.

“Seguir en la lucha por nuestros derechos, sin miedo a ser calladas, buscando la paz, no solo en nuestros hogares, sino en nuestras comunidades. Que la participación de todas nos lleve a esa paz que merecemos, una paz con justicia, con dignidad y con oportunidades”.

Hoy, su voz resuena desde El Tarra hasta Bogotá, desde veredas apartadas hasta escenarios nacionales. Su liderazgo es una muestra de que la paz necesita mujeres como Yaqueline: con palabra firme, con mirada crítica, con el corazón sembrado en su territorio.